sábado, 21 de mayo de 2016

25 Aniversario del Fallecimiento de Manuel Rodríguez López

Os dejo mi pequeña aportación al homenaje que se hizo al escritor Manuel Rodriguez Lopez, gran poeta gallego, emigrante y obrero.

SENSACIONES

En nuestro extenso refranero popular encontramos más saber encerrado que en muchas de las mejores escuelas y universidades. Son, cómo a mi me gusta llamarlas, lecciones de vida de bolsillo que, en mi caso, fueron enseñadas desde el primer latido por mi madre y mi abuela. “Sólo valoras algo cuando lo has perdido” ha sido siempre uno de mis preferidos. Normalmente se aplica a situaciones afectivas o elementos tangibles de nuestro día a día cómo un coche o un puesto de trabajo pero yo siempre consideré esta frase desde un punto de vista distinto: la morriña a la tierra propia. El maestro Rodríguez López vivió gran parte de su vida fuera de su Galicia natal y no por ello estoy seguro que pasase un sólo minuto sin acordarse de ella. El intentar conseguir un mejor futuro para si mismo y los suyos ha movido siempre a los hombres a dejar sus raíces e intentar adentrarse en otras tierras y culturas. Yo mismo soy un ejemplo más de ello. A pesar de nuestra diferencia cronológica y espacial, he tenido la suerte de leer algunos fragmentos de sus obras y no he podido evitar verme identificado con sus sentimientos. Cambian fechas, lugares, tradiciones y quizás la intensidad del color de la fotografía, que pasa de un potente blanco y negro a un color intenso y nítido hecho con una impresora láser multifunción de última generación, pero lo que no cambia es lo que palpita debajo de cada palabra, línea o párrafo escrita por él y que me suenan extremadamente reconocibles. Al margen de patriotismos estériles, el lugar donde uno nace y da sus primeros pasos llega a formar parte de su ser tanto como cualquiera de las otras partes del cuerpo. Es un componente más de tu esencia como persona y esa huella no desaparece jamás, aunque una densa capa de polvo de kilómetros y olvido intente camuflarla. Revisando su vida y obra queda demostrado que el maestro Rodríguez López se paseo por ella con un ojo pendiente (o casi los dos) de su querida Galicia. No me equivoco cuando afirmo que a buen seguro se durmió muchas noches pensando en los verdes prados y bosques que rodean la ruta del río Loio, en las vetustas paredes del Monasterio de Santa María de Paraleda o los trozos de historia desenterrados de los variados Castros que hay en sus alrededores. En mi cabeza varían las imágenes y los lugares, pero no esa sensación de piel erizada y lágrima reprimida cuando en cualquier noticiario, revista o televisión alguien habla, en mi caso, de mi Málaga natal. No pretendo dármelas de consagrado escritor cuando no soy más que un aprendiz de juntaletras y tampoco está en mi cabeza el intentar hacerme pasar por experto en la vida y obra de este genial escritor. Es más, he de reconocer que hasta que participe en el concurso literario que lleva su nombre, no tenía la fortuna de saber nada sobre él o su legado. Y he aquí el milagro. Sin “su” concurso ni yo mismo ni seguro que buena parte de los participantes en el mismo habríamos tenido el placer de tropezarnos con sus maravillosas obras y poemas. Gracias a ellos, aquellos que empezamos en este bello oficio como es el de contador de historias tenemos la oportunidad de encontrar modelos en los que basar nuestro trabajo, intentando asimilar sus cualidades y hacerlas nuestras. Sin su ejemplo, muchos de los Rodríguez López del mañana andaríamos perdidos y sin rumbo, esperando que algo o alguien nos devolviese al camino de nosa tierra. De todo corazón, mil gracias por todo, Don Manuel.
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